En este país, la lógica parece haberse mudado a un chalet en las afueras de Madrid.

 




La cumbre de la incoherencia: Un sainete político

Nos prohíben fumar en la calle. Y no en cualquier calle: en las terrazas, en el andén del metro, en las inmediaciones de hospitales y colegios. Nos dicen que es por nuestra salud, para proteger al fumador pasivo del humo de ese "veneno legal" que es el tabaco. Nuestros "ejemplares" gobernantes, con la cara más dura que el cemento armado de un rascacielos, nos venden el humo de la protección mientras señalan con el dedo al que se enciende un cigarro al aire libre. La indignación cunde al ver cómo se nos impiden cosas sencillas y legales, todo en aras de una "salud pública" que, curiosamente, tiene doble rasero.

Pero la cosa no acaba aquí. El mismo sistema que te multa por encender un pitillo en la calle, te permite un festival de incoherencia que roza el esperpento.

¿Puedes creerte esto?

El mismo sistema que te dice que tu cigarro es una amenaza pública, te permite que te "coloques" dentro de tu coche, siempre y cuando no lo muevas. ¡Y hablamos de sustancias que están prohibidas en su venta y transporte! Es decir, son ilegales de principio a fin, desde la mafia que las introduce hasta el menudeo callejero. Y no olvidemos el coste humano: por cada kilo de droga, mueren al menos 4 personas al día en la cadena de producción, distribución y violencia asociada. Por si fuera poco, estas sustancias no pagan ni un solo euro en impuestos, enriqueciendo a redes criminales en vez de contribuir a las arcas del Estado para servicios públicos.

La ley se ha convertido en un chiste malo, una de esas historias que no te crees hasta que te das de bruces con la realidad. Esto es hipocresía en estado puro. Es una bofetada a la inteligencia colectiva. Nuestros gobernantes, con un descaro digno de estudio antropológico, han creado un paraíso de lo absurdo.


El mensaje es claro: si vas a intoxicarte con sustancias ilegales que no pagan impuestos, que provocan muertes y sostienen mafias, hazlo con discreción, en tu santuario privado de cuatro ruedas. Pero ni se te ocurra contaminar el aire de la calle con un cigarrillo legal. Porque, ya sabes, la salud pública es lo primero. Aunque, claro, solo si es la de los otros. Y no la tuya, que por lo visto, no les importa tanto.


autor Laura Pintos Garmendia


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